Domingo, 05 de febrero de 2012
CLASES DE IMPRUDENCIA Y SU INCIDENCIA EN LA CALIFICACIÓN DEL ACCIDENTE
 
Según reconocida doctrina penalista, la imprudencia .término equivalente a culpa.
se define por referencia a dos elementos constitutivos: la infracción del deber de cuidado y
la previsibilidad de resultado1. Incurre en una conducta imprudente quien, de modo no
intencionado, infringe el deber de cuidado que personalmente le era exigible. Este deber
de cuidado implica advertir el peligro y adoptar un comportamiento adecuado en orden a
evitar la producción del resultado. El art. 115 LGSS alude a dos clases deimprudencia:
la temeraria y la profesional, que se examinan a continuación.
 
Imprudencia temeraria
 
Desde el Derecho Penal se define la imprudencia temeraria como «la omisión de la diligencia
más elemental». El Tribunal Supremo la identifica con la que «excede de la mera
imprudencia grave o con infracción de reglamentos». Es doctrina jurisprudencial
conocida que el concepto de imprudencia temeraria no tiene en el ámbito laboral la
misma significación que en el pena. En el ordenamiento de trabajo «el efecto que provoca
su concurrencia es la pérdida de protección cualificada de un riesgo específicamente
cubierto»,  Nuestros Tribunales mantienen que para que concurra la imprudencia temeraria del
trabajador es preciso que con su comportamiento asuma riesgos manifiestos, innecesarios y
especialmente graves, ajenos a la conducta usual de las personas; en otras palabras,
se presupone un patente y claro desprecio del riesgo y de la prudencia más elemental
exigible al menos previsor. La conducta temerariamente imprudente excede de la normal de una
persona, corriendo de modo voluntario un riesgo innecesario que pone en peligro la vida o los bienes;
sometiéndose el trabajador de forma inmotivada, caprichosa y consciente a un peligro cierto. Así,
existe imprudencia temeraria cuando el trabajador «consciente y voluntariamente contraría las
ordenes recibidas del patrono, o las más elementales normas de precaución, prudencia y
cautela exigibles a toda persona normal».
 
La imprudencia se distingue del dolo que igualmente rompe el nexo causal entre trabajo
y lesión. en la intencionalidad, que está presente en este último pero no así en quien
actúa con temeridad. El imprudente se comporta de tal modo «por falta de conocimientos
suficientes en orden al cuidado y a la observación de las consecuencias del riesgo, que
origina la actuación impropia o inadecuada que da origen al propio accidente». En cambio,
quien actúa dolosamente rige su conducta por «la comisión voluntaria, racional, de
una actividad en orden a conseguir la realización del accidente para obtener las prestaciones
correspondientes». Estas definiciones plantean dudas respecto del suicidio del trabajador,
que, más allá de su posible consideración como accidente laboral cuando sus
motivos guardan relación con el trabajo, algunos autores y tribunales califican de imprudencia
temeraria, aunque la persecución consciente del acaecimiento del accidente
por parte del suicida inclinaría la balanza hacia el comportamiento doloso.
 
Respecto de la incidencia de la imprudencia temeraria en la calificación del accidente,
el Tribunal Supremo, haciéndose eco de lo dispuesto en el art. 115 LGSS, confirma que
aquélla rompe el nexo causal entre la lesión y el trabajo. Teniendo en cuenta las características
configuradoras de esta clase de imprudencia, puede decirse que «la imprudencia
es exonerante si el acto es grave, anormal y extraordinario, y no guarda relación
alguna con el trabajo; si consistió en una imprudencia extra profesional, o si, además de temeraria
sólo tiene una conexión remota con el trabajo, o es un acto arriesgado o innecesario
para la actividad laboral». Lógicamente, dado que la imprudencia temeraria rompe el nexo causal entre
trabajo y lesión confiriendo naturaleza común al accidente, debe ser de apreciación restrictiva16, al igual
que sucede con la fuerza mayor y el dolo
 
 
 
Imprudencia profesional
 
El art. 115 LGSS define la imprudencia profesional como aquélla que es consecuencia
del ejercicio habitual de un trabajo y se deriva de la confianza que éste inspira por la
repetición de unos mismos actos. Se trata de aquellos supuestos en los que las tareas del
trabajador se le vuelven monótonas al resultarle habituales, de modo que no es consciente
del riesgo al que puede verse expuesto en la ejecución de sus funciones; considerando
razonablemente improbable que acaezca un accidente. Ello lo conduce a pérdidas
momentáneas de atención susceptibles de causar el accidente. En definitiva, en la
imprudencia profesional reside «una excesiva confianza del empleado en su actuación, como
consecuencia del ejercicio habitual de su trabajo, debido a una disminución del control
consciente de su actuar, sustituido por un automatismo inconsciente. Tal conducta se
inserta en una serie de circunstancias como la reiteración de actuaciones semejantes en
ocasiones anteriores sin que se produjera ningún daño,... en definitiva la falta de una
conciencia del riesgo asumido».
 
Aunque el art. 115 LGSS alude únicamente a la imprudencia temeraria y a la profesional,
una parte de la doctrina científica y judicial destaca otra clase de conducta imprudente
que ha de ser tenida en cuenta: la denominada imprudencia simple. Se trata de la que
comprende conductas derivadas del cansancio, los despistes o las distracciones, tal como
sugiere el art. 15.4 LPRL con la alusión a «imprudencias no temerarias». En la imprudencia
simple, «si bien no se agotan todos los actos necesarios para evitar un peligro, éste
no se quiere o pretende sufrir, sino que se incurre en el mismo por una negligencia o
descuido». Podría identificarse con la «conducta poco cuidadosa del trabajador, pero, en
cualquier caso, exenta de temeridad y, como contraposición a la imprudencia profesional,
desvinculada de la prestación de servicios». En suma, se trataría de la conducta contraria
a la «usual en personas razonables y sensatas en vista de las circunstancias del caso».
Estamos ante un concepto más frecuentemente utilizado para justificar las lesiones
sufridas por un trabajador durante sus desplazamientos in itinere, ya que en tales casos
no cabría hablar estrictamente de imprudencia profesional.
En cuanto a la incidencia de la imprudencia profesional en la calificación del accidente,
mantiene el art. 115 LGSS que la misma no rompe el nexo causal entre el accidente y el
trabajo, a diferencia de lo que ocurre con la temeraria.
 
Fuente: Revista del Ministerio de Trabajo

Publicado por tuasesor @ 3:45
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