Martes, 13 de marzo de 2012

PRECONTRATO DE TRABAJO EN EL MUNDO DEL DEPORTE PROFESIONAL

Es bastante frecuente en el mundo del deporte profesional la existencia de promesas de contrato o precontratos de trabajo, entre los deportistas y las entidades deportivas.

Lo determinante para la calificación del acuerdo o precontrato nunca podrá ser la condición personal del jugador, en la medida que éste adquirirá la condición de profesional a su voluntad sin exigirse ningún título específico, salvo el administrativo de cambio de licencia (para su posesión no es necesario ser profesional…) sino el contenido del acuerdo en cuestión.

La calificación de un deportista como aficionado por el derecho federativo apenas tiene algo que ver con lo que esa condición significa para el ordenamiento laboral, de manera que es habitual que quienes carezcan de licencia federativa de profesionales sean para el Derecho del Trabajo y los Tribunales que lo aplican, indudablemente, trabajadores.

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En este sentido es reiterada la Jurisprudencia del Tribunal Supremo, al determinar que si el contrato previsto es de trabajo, el precontrato es también de trabajo, siendo la jurisdicción social la competente para saber del asunto…

En contrario hay sentencias que determinan que el precontrato es civil si el profesional concierta con un club deportivo un precontrato, careciendo de la calificación federativa, con lo que argumenta el Tribunal que al no poder ostentar la condición subjetiva de trabajador, debe ser considerado como un contrato civil y no como un auténtico contrato de trabajo, no cumpliéndose los requisitos formales que establece el RD 1006/1985 de 26 de Junio por el que se regula la relación laboral especial de los deportistas profesionales.  http://noticias.juridicas.com/base_datos/Laboral/rd1006-1985.html#a3

Pero estos Tribunales estarían equivocando el término “aficionado” que es diferente según se use en el derecho federativo o laboral, ya que conduce al error de identificar ambos conceptos quebrando la jurisprudencia mayoritaria. Cosa distinta es que no exista el precontrato pero si actividad o actitud de la que surgiera la creencia razonable de que iba a haberlo, en cuyo caso se genera la responsabilidad denominada aquiliana, de naturaleza civil, del artículo 1902 del Código Civil si se cumplieran los requisitos.

El que por acción u omisión causa daño a otro, interviniendo culpa o negligencia, está obligado a reparar el daño causado.”

Si existe una cláusula penal, reguladora de la cantidad que como indemnización de daños y perjuicios habría de abonar la parte que incumpliese lo estipulado en el mismo sería considerada extraña al ámbito de los contratos de trabajo ya que esta indemnización no se puede asimilar a la establecida por el RD 1006/1985 en su artículo 16, referida a la extinción del contrato de trabajo por voluntad unilateral del deportista, es decir a la denominada “compra de libertad”. Nada impide sin embargo que esta cláusula esté presente en los contratos de trabajo de los deportistas profesionales, bastante frecuentes, a través de las cuales se puede articular una indemnización contractual, lo que impiden nuestros Tribunales es que esa cláusula sea abusiva. (ejemplo de una cláusula penal de 20 millones de euros cuando el club no ha invertido en formación ni gasto alguno con el deportista, es a todas luces una cláusula abusiva, máxime cuando no se estipula indemnización alguna para el supuesto de que el club hubiera rechazado sin causa justificada…)

Ejemplo de la legalidad de la cláusula , no siendo considerada abusiva es el siguiente caso recogido en http://www.aranzadi.es/index.php/informacion-juridica/jurisprudencia-actual/civil/sentencia-de-la-audiencia-provincial-de-barcelona-civil-de-6-abril-2010:

Legalidad de una cláusula de rescisión de tres millones de euros para un jugador de fútbol de trece años

Cuando ingresó en la cantera del F.C. Barcelona, un joven de trece años firmó dos contratos: uno como jugador no profesional, que vencía ocho años después con una cláusula de rescisión de 30.000 € y otro con forma de precontrato de trabajo, que se activaría al término de la temporada en que el joven cumpliese los dieciocho años. La cláusula de rescisión de este segundo contrato ascendía hasta los 3.000.000 €.
Tras la temporada en que cumplió su mayoría de edad el jugador, tras no alcanzar un acuerdo por motivos deportivos con el FBC Barcelona, se integró en la plantilla del Real Club Deportivo Espanyol. El jugador abonó al FC Barcelona los 30.000 € por la rescisión del primer contrato y la entidad barcelonista le reclamó el abono de los otros tres millones de euros por considerar roto el contrato, ante lo que el jugador alegó la nulidad del importe de las cláusula de rescisión por abusiva.
En la presente resolución la AP de Barcelona considera que el importe de la cláusula penal de pro tres millones de euros no resulta abusiva, teniendo en cuenta que cada uno de los cinco años que el joven estuvo en La Masía su estancia al club le costó entre 127.000 y 240.00 € anuales en el mantenimiento de su familia y de él mismo.
La Sala recuerda también que "el F.C. Barcelona es uno de los mejores clubs de fútbol del mundo, por cuya cantera han pasado varios de los mejores jugadores de fútbol del mundo"; dándose la circunstancia de que "el demandado, durante el tiempo que permaneció en el club, tuvo una proyección profesional relevante, jugando en Europa con la selección nacional Sub-17, no volviendo a ser internacional tras abandonar el club".

En la dirección apuntada se puede leer el contenido de la Sentencia.

En determinados casos el denominado precontrato, no es tal, sino que es una auténtica relación laboral, porque el consentimiento de los contrayentes recae sobre el contenido propio. Cuando los precontratos en cuestión contengan todo lo necesario para ser considerados auténticos contratos la firma de los contratos federativos nunca puede constituir un requisito de validez para los referidos contratos de trabajo.

En la práctica del deporte profesional confluyen dos ordenamientos distintos, el deportivo y el laboral; pero esta confluencia no es excluyente, sino que cada uno de ellos regula un aspecto distinto de la cuestión. Y siendo así, no admite discusión que la determinación de la condición de deportista profesional y, por tanto, de la existencia o no de contrato de trabajo es algo que debe hacerse en interpretación y aplicación de la legislación laboral, sin tener en cuenta la calificación que federativamente se haya dado al deportista y sin tener en cuenta si la competición en la que éste participa es o no de las consideradas profesionales


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